martes, 26 de febrero de 2008

COLUMNA DE OPINIÓN PARA REFLEXIONAR: EL RECUERDO DE JESÚS MARÍA VALLE

Columna de opinión publicada en el periódico El Colombiano el pasado domingo 24 de febrero, que reproducimos con ocasión de la conmemoración de los 10 años de la muerte del doctor Jesús María Valle Jaramillo. Se puede consultar en el siguiente link:

http://www.elcolombiano.com.co/BancoConocimiento/C/cuatro_vidas/cuatro_vidas.asp?CodSeccion=6

Cuatro vidas

Por
Juan José Hoyos
Los hombres queremos vivir muchas vidas, pero en fin de cuentas sólo podemos vivir una sola: la de cada uno. ¡Y cuánto hay que luchar para lograrlo! A medida que los años pasan, cada hombre es testigo de otras vidas. En ellas puede ver la grandeza o la mezquindad que no alcanza a ver en la propia.

Hoy recuerdo cuatro vidas. La historia de mi país las ha traído a mi memoria como cuatro retratos de un álbum. Son cuatro líderes estudiantiles de la convulsionada década de 1970. La del final de la guerra de Vietnam. La de las grandes huelgas universitarias. La década en que apareció el M-19. Los años en que los campesinos colombianos invadieron miles de hectáreas reclamando la tierra para los que la trabajan. La década en que fue derrocado por la fuerza el gobierno de Salvador Allende y en el cono sur de América empezaron las sangrientas dictaduras militares.

Corre el año 1970. El escenario es el Teatro al Aire Libre de la Universidad de Antioquia. Después de una larga huelga, la universidad reabre sus puertas. Hay una asamblea de estudiantes para recibir un informe del rector sobre la situación de la universidad. Los gritos salen a montones de las bocas de los muchachos que ocupan las gradas del teatro. Sube al escenario un estudiante y pide la palabra. Es de piel morena y tiene acento del campo. El coordinador de la asamblea pide a la gente que lo dejen hablar. Es el presidente del Consejo Estudiantil, pero los muchachos nuevos no lo conocen. Dice que es militante de las Juventudes Conservadoras. Una ola de silbidos lo acalla. A voz en cuello, y sin el menor asomo de miedo, dice que está en contra de la guerra de Vietnam y en contra de la política imperialista de Estados Unidos en América Latina. "¡Soy un godo antiimperialista!" grita. La gente lo aplaude. Se llama Jesús María Valle y estudia en la Facultad de Derecho. Ha participado en las huelgas desde 1968. Es uno de los dirigentes más respetados por sus compañeros.

Corre el año 1972. Los estudiantes de la Universidad de Antioquia se reúnen en el Teatro Camilo Torres. Los ánimos están al rojo vivo. La gente grita. Hay pancartas colgando de las paredes. Gracias a un megáfono, la voz del presidente del Consejo Estudiantil, Amílkar Acosta, logra sobreponerse a la gritería colectiva. Se discute el programa mínimo de los estudiantes colombianos, que busca hacer más democrático el gobierno de las universidades. Acosta es un estudiante de economía nacido en la Guajira, que ha venido a Medellín a matricularse en la Universidad de Antioquia porque en su región no existen universidades. Es uno de los líderes del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario Moir. La asamblea da su apoyo al programa mínimo.

Otra vez la escena sucede en el Teatro Camilo Torres. Es el año 1973. Las huelgas estudiantiles se repiten una tras otra. En la universidad ha surgido un movimiento que se aparta de las decisiones de la asamblea general. Los estudiantes de Derecho dicen que quieren volver a las aulas. Que tienen derecho a estudiar. Los oradores suben al escenario en medio de los gritos y las consignas. Algunos ni siquiera alcanzan a hablar. El teatro está a oscuras. Sólo hay luz en el escenario. En los pasillos hay brigadas de seguridad armadas de palos para imponer el orden. El orador de turno es un estudiante de piel blanca y estatura baja que toma el micrófono y dice con voz recia: "Vengo a hablar en representación del Partido Liberal". La gente lo silba. Gracias a su persistencia, al final logra ser escuchado. Se llama Álvaro Uribe Vélez y está matriculado en la Facultad de Derecho.

Cambio de escenario. Segundo piso del Bloque 14 de la ciudad universitaria. Se reúnen los estudiantes de la Facultad de Derecho. Ellos han decidido desconocer las decisiones de la asamblea general. El ambiente está caldeado. El orador de turno habla en un tono enérgico y golpea el suelo con un paraguas negro subrayando cada frase. Es militante de las Juventudes Conservadoras y propone que la Facultad se traslade temporalmente a la sede del Paraninfo, en San Ignacio, para poder reanudar las clases. Se llama Fabio Valencia Cossio. Después de un agitado debate, los estudiantes aprueban por mayoría su propuesta. En septiembre, llegan noticias de Chile: ha sido derrocado el gobierno de Salvador Allende, el primer presidente marxista elegido por voto popular en América Latina.

Los años pasan y nos cambian. Abro otra vez las tapas del álbum. Esta vez los personajes parecen salidos de las páginas de novelas tan nuestras como "Amábamos tanto la revolución" o "La bestia desatada". Las historias se repiten como en un sueño: canciones de Los Beatles y Violeta Parra, marchas de protesta, asambleas estudiantiles, retratos gigantescos del Che Guevara, invasiones de tierra, rock, marihuana, pancartas, bombas molotov, allanamientos, pedreas. El poeta dice que al amanecer, las islas vuelven a su sitio. Han pasado 30 años. Hoy, el antiguo líder del Moir Amílkar Acosta es senador jubilado. Durante varios periodos fue elegido para ese cargo en representación del partido liberal. Álvaro Uribe Vélez es presidente de Colombia, después de una larga carrera como alcalde de Medellín, gobernador de Antioquia, parlamentario y dirigente liberal. La dirección de su partido hace parte de las fuerzas de oposición a su segundo gobierno. Fabio Valencia Cossio es consejero presidencial de Uribe Vélez. Ha sido parlamentario, embajador y dirigente del partido conservador. Los dos estuvieron a punto de irse a los puños en la campaña electoral para la gobernación de Antioquia que ganó Uribe por un escaso margen de votos en 1994.

La vida es irónica. Jesús María Valle, el antiguo dirigente de las Juventudes Conservadoras, es el único de los cuatro que está muerto. Luego de ser elegido diputado a la Asamblea de Antioquia por su partido, en 1972, se dedicó a trabajar como abogado, profesor y defensor de los derechos humanos. Después del asesinato de Héctor Abad Gómez, lo sucedió en la presidencia del Comité de Defensa de los Derechos Humanos. El 27 de febrero de 1998, Valle fue asesinado en su oficina, en el centro de Medellín. Esa misma semana había denunciado ante la justicia las matanzas de campesinos ejecutadas por grupos paramilitares en las veredas La Granja y El Aro, en Ituango, el mismo pueblo donde él nació en 1944. En ellas murieron cerca de 20 personas. El Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por las dos matanzas, y luego por el asesinato de Valle. Los paramilitares reconocieron su crimen ante los fiscales de Justicia y Paz.

No me voy a despedir de estos recuerdos con lamentaciones por el dolor de las vidas truncadas, ni por los sueños frustrados. La única obligación de los hombres sobre la Tierra es vivir su vida como creen que la deben vivir. Y vivirla hasta el fin. Para hacerlo, no es necesario pertenecer a un partido político ni tener un carnet.

Por cierto, hay un partido que no los exige: el partido de la humanidad. En toda guerra, es el partido de las víctimas. Para pertenecer a él sólo hay que amar a los otros, como lo hizo Jesús María Valle. Y no vale la pena vivir sin amar.

coloniadeituango@gmail.com, coloniadeituango@hotmail.com

No hay comentarios: